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Dra. Clara Domínguez

Autora

Dra. Clara Domínguez

Escritora de libros infantiles

Clara Om es el seudónimo de la doctora Clara Domínguez, quien desde el 2019 vive en Suiza con su hija Isamar, luego de mudarse de Alemania.

Clara Om es el seudónimo de la doctora Clara Domínguez, quien desde el 2019 vive en Suiza con su hija Isamar, luego de mudarse de Alemania.

P. En tus siguientes obras literarias, ¿en qué géneros plasmarás tu talento?

Estoy en una fase en la que disfruto desplegar mi creatividad y sensibilidad, y veo que eso empalma con el cuento y la novela.

P. Al momento de escribir, ¿pones más relevancia en el mensaje o el estilo?

En ambos. Claro que empiezo con el mensaje, y al ir armando la historia el estilo va tomando cuerpo. Es como cuando quieres agasajarte y te das permiso para mimarte: el mensaje es pasarlo bien y para ello elijes el estilo adecuado, ya sea con una caminata al atardecer o recibiendo unos masajes.

P. ¿Por qué escribes cuentos?

Porque le contaba cuentos a mi hija y porque también me hubiera gustado que me contaran historias amables. Los que me contó mi madre, que fueron pocos, me llenaron de susto. Los cuentos de hadas malignas y de injusticia me desesperaban. Así que después decidí contarle a mi niña interior historias que estén relacionadas con los ejemplos que nos da la naturaleza.

P. Cuando escribes, ¿planeas o dejas fluir tu creatividad literaria?

Dejo fluir la creatividad, pues lo de planear funciona únicamente cuando escribo temas que involucran el análisis y la cognición, que se relacionan más con mi formación profesional en las ciencias políticas y el derecho.

P. ¿Qué significa para ti escribir?

Escribir es la generosa oportunidad para expresar ese lado genuino de mi ser. Es como el arte que libera mi alma y la cristalización de aquello que no puedes ver, pero sabes que existe.

P. ¿De dónde te nació la idea de escribir?

De la observación. La observación es mi musa. Si miras a tu alrededor, verás que en ese pequeño instante puedes reconocer la sabiduría y el milagro de la vida.
Además, el escribir se convirtió para mí en una necesidad para expresarme y fue una verdadera terapia que me liberó del encarcelamiento emocional.

P. ¿Tuviste dificultades para escribir El árbol de la amistad?

Ninguna. Fue una maravillosa catarsis. Fue delicioso. Era como tener un banquete de antojitos bien preparados. Por una parte, sentía la inspiración y, además, la motivación, porque eso es lo que hacía mi hija: motivarme a desplegar mi creatividad y volver la mirada a mi niña interior, para darle la atención y el espacio que necesitaba, con cuentos que me explicaran lo que estaba viviendo.

P. ¿En El árbol de la amistad hay elementos autobiográficos?

Sí, claro. Yo me identifiqué con cada personaje porque en cada uno de ellos hay emociones y vivencias que yo también experimenté. Por ejemplo, vivía fuera de mi país natal y en una cultura muy diferente, y tuve que renunciar a muchas cosas; pero también aprendí nuevas maneras de conducirme. Me caí, me levanté, lloré mucho para salir de mis ataduras, de los condicionamientos y para encajar. Sufrí por desconocimiento, y luego reí y vi con humor mis propias sandeces, hasta reconocer la belleza de este proceso. Ahora soy la suma de todo lo que experimenté y ese legado me pertenece.

P. ¿Crees que este cuento inspiró a otros niños?

Sí. Este cuento nos acompañó toda una década en diferentes actividades con niños y el mensaje fue parte de una campaña denominada «La Ola Verde de la Amistad», que consistía en sembrar árboles el 20 y 21 de mayo en diferentes partes del mundo y en simultáneo. De este modo, los niños expresaban respeto por la naturaleza y amistad al interactuar en estas campañas ambientales.

P. ¿Qué te inspiró para coescribir este cuento?

Como bien dice Isamar, fue una acumulación de experiencias: los loros sobrevolando el árbol del jardín, el vecino fanático de sus tulipanes que juntaba firmas para cortar el árbol frente a nuestra vivienda, yo hablándole a mi hija sobre la importancia de los árboles y haciendo campañas de sensibilización ecológica. Aunque lo que más me impactó fue que, cierto día, al pasar con el auto, noté que habían cortado un enorme árbol. Se podían ver los anillos del tronco que alguna vez estuvo en pie, y lo primero que me pregunté fue: ¿a dónde se fueron los que allí moraban? Así empezó todo, y lo demás fue sentarnos a escribir y pasar horas de disfrute con mi coautora, para gestar lo que después vería la luz bajo el título de El árbol de la amistad.