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Isamar Domínguez

Autora

Isamar Domínguez

Escritora de libros infantiles

Desde muy pequeña, Isamar reformulaba los cuentos que su madre le contaba, y con tan solo cinco años de edad la convenció para escribir y publicar diversas obras literarias. Aquellas historias llenas de creatividad se lograron por esa combinación ideal entre las partes racionales y emocionales de las coautoras.

Desde muy pequeña, Isamar reformulaba los cuentos que su madre le contaba, y con tan solo cinco años de edad la convenció para escribir y publicar diversas obras literarias. Aquellas historias llenas de creatividad se lograron por esa combinación ideal entre las partes racionales y emocionales de las coautoras.
El respeto, la sensibilidad y la empatía con los diferentes organismos vivientes fue lo que las inspiró a realizar diferentes actividades locales e internacionales. Así mismo, lideraron campañas con niños para el sembrado de árboles y plantas en jardines infantiles y colegios primarios de Bonn y Perú.
Con su madre realizaron obras de teatro que creaban conciencia sobre el cambio climático, el respeto a la naturaleza y la sensibilización sobre la migración. Las representaciones teatrales, realizadas por niños de diferentes nacionalidades, tuvieron acogida y éxito en el público. Esta noble labor tuvo su reconocimiento, a través de una amable carta de la Secretaría Ejecutiva sobre Cambio Climático de la Organización de las Naciones Unidas, por la obra teatral El cumpleaños del abuelo Clima.
Isamar y su madre se mudaron de Alemania en el 2019 y actualmente residen en Suiza.

P. En tus siguientes obras literarias, ¿en qué género plasmarás tu talento?

Me imagino y proyecto hacer novelas de suspenso y thrillers. Es decir, obras en las que se plasmen mis conocimientos sobre criminología, sociología y psicología.

P. Al momento de escribir, ¿pones más relevancia en el mensaje o el estilo?

Me gusta transmitir el mensaje, pues la riqueza de la imaginación te puede llevar a contar historias dirigidas a una finalidad.

P. ¿Por qué escribes cuentos?

Quizás porque el ritual al que estuve acostumbrada antes de dormir era escuchar cuentos y esto era parte de mi mundo. También recuerdo que tenía un libro con imágenes de la Biblia para niños, y me gustaba interactuar con las historias y contárselas a mi mamá. A los cuatro años le pedí que me ayude a ser artista y creo que la puse en aprietos. Dos años más tarde, escribimos una obra de teatro y la llegamos a representar. Tuvimos como escenario el Museo König de Bonn y la Secretaría de Cambio Climático de las Naciones Unidas, esta fue mi primera experiencia con el teatro.
Ahora los libros que me fascinan son las historias que me mantienen en suspenso, por ejemplo, las del género thriller o de suspenso, que hacen que mi imaginación vuele e intente saber desde el comienzo la trama y la participación de los personajes.

P. Cuando escribes, ¿planeas o dejas fluir tu creatividad literaria?

Antes, cuando no podía escribir, le manifestaba a mi mamá mis ideas y le decía lo que debía escribir. Ahora, lo planeo y puedo darme el lujo de plasmar mi propio estilo.

P. ¿Tuviste dificultades para escribir El árbol de la amistad?

En ese entonces yo tenía 5 años y no podía escribir tan bien como mi mamá, así es que ella escribía, y cuando me leía lo escrito yo le corregía. En ese tiempo congeniábamos en ideas y coincidíamos con nuestras fantasías. En las siguientes obras, cambió un poco.

P. ¿Qué significa para ti escribir?

Para mí, escribir es una forma de expresarme y también lo veo como un arte, que demanda creatividad y juega con nuestra parte racional porque con las palabras creamos un nuevo mundo.

P. ¿En El árbol de la amistad hay elementos autobiográficos?

Sí, porque al igual que mi madre y su historia como migrante, yo experimenté lo mismo con las mudanzas; estas han sido nuestras compañeras de vida. Ella siempre me decía que todo cambia, y hoy sé que la vida es como un viaje con cortas paradas y constante movimiento.

P. ¿De dónde te nació la idea de escribir?

Mi madre me llevaba a su escritorio y compartía la mitad de la pantalla de su computadora conmigo, mientras ella escribía sus libros. Y yo también quería hacer lo que veía: escribir. Con dos años aprendí a escribir “mamá”, “Perú” y “mango”. También me percaté que ella, al contarme cuentos a la hora de dormir, a menudo cambiaba detalles, y yo le reclamaba. Le decía que: “Eso no pasó la noche anterior” y que mejor debía escribirlo para que no se olvide.

P. ¿Crees que este cuento inspiró a otros niños?

Sí, porque esta historia fue la base para realizar muchas campañas de sensibilización, tanto en Perú como en Bonn, en las cuales niños de los kinders y colegios celebrábamos el Día Internacional de la Biodiversidad y la Cultura. También realizamos obras de teatro con el claro mensaje de la importancia de la naturaleza y, más adelante, pusimos en relieve la migración.

P. ¿Qué te inspiró para coescribir este cuento?

Fue una acumulación de experiencias que se juntaron y se armaron en esta historia. La más importante fue cuando tenía cuatro años y vi, a través de la ventana, que unos loros verdes se posaron en el árbol de manzano del jardín. En ese entonces vivíamos en Bonn. Mi mamá se sorprendió y me contó que ella había visto muchos loros en la selva amazónica de Perú.